Alejandro MartínezEs el título de uno de los poemas de Jaime Gil de Biedma musicado por Alejandro Martínez, músico sincero,  cantautor discreto, directo con la música y respetuoso con los textos del poeta.

El próximo viernes 12, a las 21:30 h, actuará en el Centre Cultural Barrades de l’Hospitalet. Muy recomendado.

Para quien le guste la música; para quien quiera disfrutar de la poesía o quiera descubrirla.

 

 

Crítica de su espectáculo en EL PAIS.

Keith Richards“Cuando enfilas la cuesta abajo, te das cuenta de que, en términos musicales, en lo que respecta a los músicos y a la música, ésta es una comunidad de lo más extraña. Ya sabes, te das cuenta de que, al final, en la tumba de un músico lo mejor que puede poner es: “Eh, pasó el testigo”. Y, ¿sabes?, cuando se me acercan los tipos más jóvenes que yo, te das cuenta de que eres sólo una parte de un largo proceso de trovadores y juglares y baladistas y contadores de historias que se remonta al principio de los tiempos. En cierto modo, tienes la extraña sensación de que formas parte de esa extraña fraternidad. Pero, ¿sabes?, nadie lleva una tarjeta de visita. No hay apretones de mano a escondidas. Pero tienes una maravillosa sensación de continuidad que recorre las brumas del tiempo. Y tú eres sólo uno de esos tíos que contó una historia y los hizo felices y cantó una canción y ellos cuidaron de ti, sólo por el placer de hacerlo”.

Keith Richards, extraído de “Keith Richards. Biografía desautorizada”, Victor Bockris (Ed. GLOBAL Rithm)

Tal vez hoy en día sí que haya apretones de mano a escondidas, o en su día no los quiso ver Keith Richards. En cualquier caso, no voy a ser yo quien le lleve la contraria al mejor guitarrista de rock de todos los tiempos.

Unos venden pañuelos de papel, otros traen notas escritas y fotocopiadas contando su historia personal e intentando llegar a nuestra sensibilidad y a unos céntimos de nuestro bolsillo. Hay caras nuevas, caras viejas, y caras que llevo viendo 15 años en el tren repitiendo un discurso en los mismos vagones, a la misma hora.

Los de hoy eran nuevos y han recurrido a otra táctica, mucho más persuasiva (leáse con tono amenazador):

“Buenos días, señores y señoras. Somos dos drogadictos que acabamos de salir de la cárcel. Pedimos una ayuda porque, si no, en vez de pedir en el tren, nos tendremos que poner a robar en el tren.”

Inmediatamente, los pasajeros han levantado los ojos de sus libros y periódicos y han empezado a escudriñar el contenido de sus bolsillos y monederos.

Si hay algo que hace Dani Casanueva es abrirte horizontes musicales. Esta vez una marca de guitarras de sonido clásico para tocar de todo, pero con tintes muy enfocados al surf, el blues, el rockabilly y el jazz. Suenan realmente bien.

Eastwood Tuxedo

Cada vez que veo una película donde aparece una escena bélica me acuerdo de mi visita a Dubrovnik, una ciudad que me impactó tanto por su belleza, como por el color de su cielo, como por las ristras de balas que aún se veían en sus edificios.

Como buenos turistas nos dirigimos a una tienda de recuerdos y compramos varias cosas. Recuerdo que el chico que nos atendió mediría unos 2 m 10 cm. Era corpulento y llevaba zapatillas de baloncesto. Era de los míos salvo en lo de la altura y en que seguramente tenía un porvenir deportivo prometedor. Le iba a decir que nosotros nos hospedábamos en Sibenik, el lugar donde se crió deportivamente Drazen Petrovic. A mí me hacía gracia aquello de haber ido a parar allí; me acordaba de cuando veía videos de su biografía, de los partidos que tenía grabados, de Kukoc, de cuando el Cibona Zagreb venía a jugar a Puerto Real porque se mataban a tiros por allí… No le dije nada.

De vuelta a Sibenik había que pasar por una (la) carretera hasta coger la autopista y cruzarse con decenas de ramos de flores donde precisamente no se recordaban fatales accidentes de tráfico.
El chico de 2 m tendría unos 16 años; nació, seguramente cuando todo aquello pasaba. Mantenía esa actitud tan seria como cordial, de sonrisas escasas, impresión que nos llevábamos de la mayoría de los croatas.

A la derecha, ofrecían Sobe (lugar donde dormir) a precios baratos. A la izquierda, el sol se ponía en Dalmacia.

La Lengua Afilada ha sacado una canción a través de su grupo en Facebook.

Un artículo en su blog y lo que aquí se puede escuchar lo atestigua.

He tenido el honor de componer la música para esa preciosa canción.

Coincido con todos los músicos de mi generación, y no sólo hablo de guitarristas, en que Xavi Taker (Xavier Nuri) es uno de los mejores guitarristas que ha dado el Estado.

Lo escuché por primera vez, como la mayoría, en el directo “A por ellos… ¡que son pocos y cobardes!” de Loquillo y los Trogloditas. Llegó a esa banda en el punto de inflexión en el que coincidieron el boom del Rock en España y el apogeo del grupo. La banda se vio reforzada en directo con Sergi Fecé y Liba Villavecchia, dando una calidad en directo que ningún otro grupo ha sabido dar.

Para los que tocábamos la guitarra, los cortes de ese disco fueron nuestras lecciones; la mayoría aprendíamos a tocar de oído, con más o menos fortuna, y todos, absolutamente todos, soñábamos con tener algún día una banda. Hablo de ello con Maldito Llobregat, con los Joe Kabeza y con las bandas de Rock que todavía se mueven por la zona metropolitana de Barcelona, y todos coindidimos, además, en lo frustrante que era llegar a tocar alguno de los solos de Taker. No sólo tenía técnica; él tenía algo a lo que nosotros aspirábamos sin saber muy bien el qué.

Ese algo es lo que buscan todas las estrellas, todos los músicos. Creo que no tiene nombre conocido; es algo así como una especie de magia que no sólo hace que ejecute, sino que baile literalmente por el instrumento. Su capacidad de adaptación al tema y de improvisación son descomunales. Su maestro fue el grandísimo Jordi Bonell.

Su vuelta a la banda después de 10 años fue algo que provocó en nosotros gran expectación. Pudimos asistir a uno de los ensayos que realizaron en la desaparecida Sala Savannah de Barcelona. Nos quedamos asombrados: no era el mismo. Era mejor. Fue una época de los Trogloditas realmente brillante.

Salí de aquel ensayo y no tuve más remedio que hacerle una canción a Taker, que fue grabada por la banda de la que formaba parte: Desbocados. La canción la hice en 5 minutos. Esas son las buenas, las que salen sin pensar.

La perspicacia de nuestro manager no tiene límites, así que, un par de años después de todo aquello, y con el disco congelado, me consiguió su contacto para que Xavi me diera clases de guitarra. Contacté con él por teléfono y quedamos en un piso de Gràcia para dar la primera lección. Ésta sería, como me decía por teléfono, una toma de contacto.

Y allí me presenté con mi guitarra acústica, llamé al timbre y me dispuse a subir los 5 pisos. Se escuchaba una guitarra acústica retumbando en el último rellano, un solo improvisado que no correspondía a nada pero que era absolutamente genial. Me paré en el segundo para escuchar mejor. Una puerta de un vecino se abrió, asomó alguien la cabeza y se puso a escuchar aquello. Miré hacia el tragaluz de la escalera, paró la música y se vio la cabeza melenuda de Taker asomando e invitándome a que siguiera subiendo. Siguió tocando. Espectacular.

La clase consistió exactamente en lo que me dijo por teléfono: una toma de contacto. Así que lo que me dijo fue: “Toca algo, un blues, o lo que te apetezca”. Tocamos los dos durante una hora. Creo que me contagió algo y  estoy seguro de que, como aquél día, no he tocado nunca.

Acabé que me temblaban las piernas. Me miró y me dijo: “Tocas bien, pero eres muy pentatónico. Le pondremos remedio”. Las siguientes clases las dimos cerca de Vic, en su casa. Dábamos un paseo por el bosque, hablábamos, y tocábamos la guitarra durante un rato. Nos conocimos bastante bien.

Me enseñó acordes de Jazz y me provocó mucha inquietud sobre el género. Gracias a él lo conozco y disfruto. Lo del Jazz viene de familia. Su padre es un gran entendido. Pero si hay algo que realmente me enseñó es el respeto por la música y los músicos, algo que te acerca mucho a ese estado de gracia que sólo algunos privilegiados tienen.

Un día le puse la canción “Camisa con chorreras” para preguntarle si podía grabar un solo. Le encantó. Así que se la puse 3 o 4 veces de camino a Barcelona. Cogió su Thinline, una Musicman, y cables de todos los colores. En ese rato, cogió la onda, se plantó en el estudio e improvisó un solo que clavó a la tercera. Realmente impresionante, por mucho que él diga que no está muy satisfecho y que ahora lo haría mejor. Siempre he creído que era la mejor canción del disco.

Siempre le estaré agradecido por habernos enseñado tanto.

Es un homenaje pequeño y discreto. Pero yo se lo doy. Gustoso.

Un Poeta es un príncipe, gran señor de las nubes,
cuya casa es el viento, que no teme al arquero;
desterrado en el suelo, entre el vil griterío, sus dos alas gigantes no le dejan andar.

Las flores del mal (II, el Albatros)
Charles Baudelaire

Frank Sinatra… Y pongo esas comillas porque ocultan el verdadero nombre de Ranel: filipino, portero del edificio donde trabajo, gran cantante y mejor persona. Desde la portería, subiendo pacientemente todos los pisos, se desliza la voz de nuestro amigo Manel entonando grandes éxitos de ayer, hoy y siempre.Escaleras arriba o abajo, siempre se escucha el tarareo de alguna melodía, en un español inexistente o un inglés totalmente imperceptible. Pero siempre hay música en nuestro querido edificio de la calle Muntaner.

De hecho, las melodías de Manel son un claro reflejo de la situación socio-cultural del momento. Uno puede saber perfectamente qué pasa en el mundo escuchando el eco en la escalera:

“Copa, lliga i champions”, fue el grito de guerra de nuestro amigo al día siguiente de proclamarse el Barça campeón de liga. Ni un día antes, ni un día después. Al canto, y a modo de saludo matinal, le acompañó un “Visca el Barça, i visca Catalunya!”, lo cual, dicho por Manel, puño en alto y con un acento defectuoso, sorprendió a todos.

En el momento actual, y a falta de melodías que hagan rima con Estatut, tenemos un sentido homenaje a Michael Jackson. Bueno, una particular réplica del homenaje que los amigos de Michael Jackson le hicieron a modo de funeral. Stevie Wonder, y su I just call to say I love you, con un final apoteósico que hizo temblar los cimientos de un edificio centenario, fue lo que me llevó a escribir este artículo. Pero hay algo que Manel lleva dentro, un yo (un él) incontenible, un héroe secreto que sólo se revela en su voz: Bryan Adams. Un repertorio extenso, basto, contundente, íntimo (sólo para el vecindario y los del japonés del piso de abajo), se hace eco, sobre todo, en las tardes de primavera, cuando todo es mucho más sentido.

Ese es Manel, La voz de la calle Muntaner.

Desbocados, sesión de fotos de "Nunca nos fuimos"

Desbocados, sesión de fotos de "Nunca nos fuimos"

No fuimos prolijos en palabras y menos en explicaciones. Ni siquiera dijimos adiós. Tal y como dijo Sergio Marcos, “nos vamos con el mismo silencio con el que vinimos”.

Desde hace un par de meses Desbocados dejaron de ensayar, de componer, de tener, en definitiva, una razón de ser. Dejamos atrás 12 años de historia, de conciertos y de millones de anécdotas (no descarto publicar alguna aquí, ya que hay como para escribir un libro). Nos abandonamos a la deriva, desmotivados por querer luchar contra unos elementos desfavorables para el Rock (no diría tanto para el Rock and Roll).

Y me dio pena, mucha pena. Tengo una caja llena de discos que no vendimos, unos cuantos conciertos en los que no tocamos, y un puñado de canciones que bien le podrían haber gustado a alguien si hubiera tenido la oportunidad de escucharlas.

Me quedo con muchos recuerdos y algunas satisfacciones, como la de, después de un concierto, ser parado por alguien a quien no conocía, y ser reconocido con las palabras que más pueden gustar a alguien que toca: “me ha gustado mucho esa canción”.

Pero si hay algo con lo que me quedo es con toda la gente que he tenido la oportunidad de conocer, y a la que, desde aquí, rindo homenaje desde lo más hondo de mi corazón.

Dani Casanueva y Eva, por el apoyo desinteresado y el management; Martens por, pese a todo, haberme puesto aquí; Pep Cabrero, por haber formado parte de la banda y por haber compartido tanto con nosotros; Baloo, por habernos dado tantos abrazos de oso y tantísimo cariño; a Ferran de “La Rulot”, por todo su apoyo; a Climent Montserrat por aguantarnos y aportar toda su profesionalidad a la banda; a Jose Guzmán, por tantos conciertos y por su amistad y apoyo sincero; a Xavier Pol, por habernos perseguido hasta donde llegó nuestra furgoneta; a Marta y Jep, con todo el cariño, por ser de nuestra propia familia durante los 12 años que tocamos; a Xavi Taker, por ser un ídolo y querer enseñarme; al Loco, por hacernos soñar dos noches que éramos estrellas (y por dejarme esa Telecaster); a Igor Paskual, Mario Cobo, Marco Antonio López, Noemí Belmonte y Stiven Moyano por participar desinteresadamente en el disco.

A todos y cada uno de los asistentes de cualesquiera de los conciertos que hemos hecho.

Y a Fran, Sergio, Lauri, Rebel y Dani.

Hasta la próxima.

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