Coincido con todos los músicos de mi generación, y no sólo hablo de guitarristas, en que Xavi Taker (Xavier Nuri) es uno de los mejores guitarristas que ha dado el Estado.
Lo escuché por primera vez, como la mayoría, en el directo “A por ellos… ¡que son pocos y cobardes!” de Loquillo y los Trogloditas. Llegó a esa banda en el punto de inflexión en el que coincidieron el boom del Rock en España y el apogeo del grupo. La banda se vio reforzada en directo con Sergi Fecé y Liba Villavecchia, dando una calidad en directo que ningún otro grupo ha sabido dar.
Para los que tocábamos la guitarra, los cortes de ese disco fueron nuestras lecciones; la mayoría aprendíamos a tocar de oído, con más o menos fortuna, y todos, absolutamente todos, soñábamos con tener algún día una banda. Hablo de ello con Maldito Llobregat, con los Joe Kabeza y con las bandas de Rock que todavía se mueven por la zona metropolitana de Barcelona, y todos coindidimos, además, en lo frustrante que era llegar a tocar alguno de los solos de Taker. No sólo tenía técnica; él tenía algo a lo que nosotros aspirábamos sin saber muy bien el qué.
Ese algo es lo que buscan todas las estrellas, todos los músicos. Creo que no tiene nombre conocido; es algo así como una especie de magia que no sólo hace que ejecute, sino que baile literalmente por el instrumento. Su capacidad de adaptación al tema y de improvisación son descomunales. Su maestro fue el grandísimo Jordi Bonell.
Su vuelta a la banda después de 10 años fue algo que provocó en nosotros gran expectación. Pudimos asistir a uno de los ensayos que realizaron en la desaparecida Sala Savannah de Barcelona. Nos quedamos asombrados: no era el mismo. Era mejor. Fue una época de los Trogloditas realmente brillante.
Salí de aquel ensayo y no tuve más remedio que hacerle una canción a Taker, que fue grabada por la banda de la que formaba parte: Desbocados. La canción la hice en 5 minutos. Esas son las buenas, las que salen sin pensar.
La perspicacia de nuestro manager no tiene límites, así que, un par de años después de todo aquello, y con el disco congelado, me consiguió su contacto para que Xavi me diera clases de guitarra. Contacté con él por teléfono y quedamos en un piso de Gràcia para dar la primera lección. Ésta sería, como me decía por teléfono, una toma de contacto.
Y allí me presenté con mi guitarra acústica, llamé al timbre y me dispuse a subir los 5 pisos. Se escuchaba una guitarra acústica retumbando en el último rellano, un solo improvisado que no correspondía a nada pero que era absolutamente genial. Me paré en el segundo para escuchar mejor. Una puerta de un vecino se abrió, asomó alguien la cabeza y se puso a escuchar aquello. Miré hacia el tragaluz de la escalera, paró la música y se vio la cabeza melenuda de Taker asomando e invitándome a que siguiera subiendo. Siguió tocando. Espectacular.
La clase consistió exactamente en lo que me dijo por teléfono: una toma de contacto. Así que lo que me dijo fue: “Toca algo, un blues, o lo que te apetezca”. Tocamos los dos durante una hora. Creo que me contagió algo y estoy seguro de que, como aquél día, no he tocado nunca.
Acabé que me temblaban las piernas. Me miró y me dijo: “Tocas bien, pero eres muy pentatónico. Le pondremos remedio”. Las siguientes clases las dimos cerca de Vic, en su casa. Dábamos un paseo por el bosque, hablábamos, y tocábamos la guitarra durante un rato. Nos conocimos bastante bien.
Me enseñó acordes de Jazz y me provocó mucha inquietud sobre el género. Gracias a él lo conozco y disfruto. Lo del Jazz viene de familia. Su padre es un gran entendido. Pero si hay algo que realmente me enseñó es el respeto por la música y los músicos, algo que te acerca mucho a ese estado de gracia que sólo algunos privilegiados tienen.
Un día le puse la canción “Camisa con chorreras” para preguntarle si podía grabar un solo. Le encantó. Así que se la puse 3 o 4 veces de camino a Barcelona. Cogió su Thinline, una Musicman, y cables de todos los colores. En ese rato, cogió la onda, se plantó en el estudio e improvisó un solo que clavó a la tercera. Realmente impresionante, por mucho que él diga que no está muy satisfecho y que ahora lo haría mejor. Siempre he creído que era la mejor canción del disco.
Siempre le estaré agradecido por habernos enseñado tanto.
Es un homenaje pequeño y discreto. Pero yo se lo doy. Gustoso.